viernes, 26 de octubre de 2012

Tres anécdotas

El Académico de Número Enrique Valverde Runnebaum relató, durante la visita del grupo de Genealogistas que participaron en el II Encuentro al mausoleo de Monseñor Víctor Manuel Sanabria Martínez, II Arzobispo de San José, cuatro anécdotas relacionadas con su juventud y Monseñor Sanabria.
A solicitud, publicamos la transcripción de un vídeo, respetando al máximo lo expresado por don Enrique.
1- "Cuando me fui a confirmar, en el Templo de Los Ángeles en el año de 1949, Monseñor llegó a celebrar la ceremonia. Hacía muchos años que no había confirma allí, se aglomeró una enorme cantidad de gente en el templo se pueden ustedes imaginar los confirmado eran unos 400, los padrinos otros 400, los padres y madres de los confirmados otros 400, así que aquello era un ejército.
Comenzó la confirma y exactamente cuando me iba a confirmar a mí, se enojó tanto con el escándalo que había, la bulla, las palabras, etc.; se paró y dijo: "esto no es un mercado, por favor silencio". la gente se calló y el preguntó ¿Por dónde iba" por aquí.. ¡paf! me dio durísimo.
Cuando llegué a casa me preguntó mamá ¿Cómo te fue? idiay, a parte de un manazo que me pegaron, no me acuerdo de nada."
2- "La segunda fue se robaron la Virgen..." (en proceso)
3-  Corresponde a esta Ermita, Vivíamos en Cartago allí teníamos un grupo de amigos y en vacaciones íbamos a pasear por los contornos de Cartago. No había tanta gente como ahora era menos poblado. Caminamos y siempre pasábamos a ver un monumento, que no es monumento sino un recuerdo medio raro que hay por ahí, llamado La Cruz de Caravaca, la cual recuerda la división entre ciudadanos de Cartago y Los Pardos.
Recorrimos los 600 metros que hay hasta acá llegamos a ese Cementerio del frente, que se llama Las Cortinas,este templo lo estaban construyendo, estaban pegando el piso y dándole el toque final a las paredes y entramos a ver, eramos cuatro muchachillos curiosos.
De pronto para un carro al frente, era Monseñor Sanabria entra y dice: "Este va a ser el lugar donde yo quiero reposar para el resto de mi vida."; comenzó a ver todo y nosotros los seguíamos y de pronto le dice al maestro de obras:
—¿A dónde dejaron mi tumba?
— ¡Ahí Monseñor, señalando hacia el lado izquierdo del altar!
— ¡Ah no, dejaron un hueco muy pequeño yo no quepo ahí!
— ¡Pero le dimos las medidas exactas...!
Y sin pensarlo dos veces, bajó una escalerita pequeña que había ahí, se acostó en el hueco y exclamó:
— ¡Tenés razón, si quepo!
Y todos los que estábamos ahí nos quedamos más que sorprendidos.
  4- La cuarta tiene que ver con su muerte. Estudiaba en el Colegio San Luís Gonzaga, el primer año, siendo director don Alejandro Aguilar Machado, quien un día llegó y nos dijo: "a muerto una de las personalidades más grandes de Costa Rica. Me he enterado de que las obras fúnebres serán en la Catedral Metropolitana de San José. De ahí saldrá el entierro con su carroza fúnebre e ingresará a Cartago de oeste a este y tomará hasta la ermita donde depositarán sus restos. El colegio va a colaborar haciendo dos filas de hombres y mujeres, hasta donde alcancen los alumnos, para recibir la carroza fúnebre. Atravesaremos la ciudad y los que quieran llegar hasta San Rafael, allá ellos.
Aquello fue un acto muy importante, fue quizás el entierro más ceremoniosos que yo había visto; había muerto el gran arzobispo de Costa Rica y me tocó acompañarlo.

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